Por: Pablo Arévalo, Daniel Arce, Boanerges Alvarado, Karla Pérez, Josúe Melara y Erick Viscarra, estudiantes de la materia de Introducción al Desarrollo Sostenible de ESEN.

Al igual que otras formas de contaminación, la visual y la auditiva son consecuencia directa de las actividades humanas. En El Salvador, estos tipos de contaminación aún no se reconocen plenamente como problemas urgentes, a pesar de su impacto negativo en el bienestar ambiental, físico y psicológico de la población. A menudo pasan desapercibidas frente a problemas más visibles como la contaminación del agua o del aire, pero sus efectos acumulativos son igualmente graves.
Contaminación visual: un paisaje saturado
La contaminación visual es una forma de degradación ambiental que afecta tanto al entorno urbano como natural, influyendo negativamente en la salud mental y el confort visual de las personas. En el caso de San Salvador, la saturación de publicidad exterior vallas, rótulos, figuras luminosas y modelos gigantes ha invadido calles y carreteras. Este fenómeno no solo afecta la estética de la ciudad, sino que también obstaculiza la visibilidad, tapa señales viales importantes y altera la ecología urbana.
Desde hace décadas, las ciudades salvadoreñas han sido inundadas por este tipo de elementos visuales debido, en parte, a que los gobiernos locales priorizan los ingresos generados por publicidad exterior antes que una regulación efectiva. Una excepción notable es el Centro Histórico de San Salvador, donde desde 2022 se ha impulsado una renovación visual al retirar los anuncios como parte de la conservación del patrimonio cultural. Sin embargo, esta política no se ha replicado en otras zonas del país, lo que genera desigualdad urbanística y una sensación generalizada de caos visual.

Este tipo de contaminación es especialmente desgastante para usuarios del transporte público, quienes enfrentan una constante sobresaturación lumínica y visual durante sus recorridos diarios. Más allá del malestar visual, esta sobreexposición puede provocar trastornos del sueño, estrés prolongado, y una reducción en la producción de melatonina, lo que incrementa el riesgo de enfermedades como la obesidad y la diabetes tipo 2. Aunque existe cierta normativa, como la Ley de Transporte Terrestre y Seguridad Vial, su aplicación está mayormente centralizada en el Área Metropolitana de San Salvador, dejando al resto del país con una regulación débil o inexistente.
Contaminación auditiva: el ruido que enferma
Ambas formas de contaminación visual y auditiva son realidades persistentes. Sin embargo, el problema no recae en las personas como individuos, sino en las acciones colectivas que no son reguladas ni supervisadas con eficacia. Es necesario que las autoridades no solo establezcan normas, sino que también generen protocolos claros de inspección y verificación. Regular sin verificar es como legislar al vacío.
Aunque se han impulsado iniciativas educativas, especialmente dirigidas a jóvenes, estas pierden impacto si no van acompañadas de seguimiento y aplicación real. La conciencia sin acción no genera cambio. Por ello, es urgente aplicar sanciones de forma inmediata y establecer planes de acción operativos, no simbólicos ni esporádicos.


En cuanto a la contaminación visual, es necesario proponer soluciones sostenibles desde lo local. Los planes como “Santa Ana, una Ciudad Luz” y “San Salvador 100% Iluminado” han priorizado la eficiencia energética, pero no han considerado el impacto visual de la iluminación excesiva. Por eso, proponemos:
Adoptar luminarias de color cálido en lugar de luces LED de tonalidades frías (azuladas), siguiendo el ejemplo de muchos países desarrollados que han demostrado que esta medida ayuda a mejorar el sueño y a reducir el impacto sobre la fauna urbana.
Reducir la intensidad lumínica en horarios de baja actividad nocturna, ajustando el alumbrado público de forma programada para disminuir la contaminación visual sin comprometer la seguridad.
Estos cambios no requieren grandes inversiones, pero sí voluntad política, coordinación municipal y sensibilidad hacia el bienestar de la población.
Conclusión
La contaminación auditiva y visual no son problemas aislados, sino manifestaciones de una misma falta de planificación urbana, de regulación efectiva y de voluntad de hacer cumplir lo establecido. Afectan directamente la calidad de vida de los salvadoreños y requieren acciones inmediatas, sostenidas y articuladas entre ciudadanía, municipalidades y gobierno central.
Recuerda: Las pequeñas acciones, generan grandes impáctos.